Brasil es un país enorme tanto en
extensión como en diversidad. Metafóricamente, si quisiera colorear Brasil necesitaría una amplia gama que va desde el verde oscuro amazónico en el norte
y occidente, verdes sertanejos más claros en el centro del país, azul en todo el borde
oriental, el negro africano en el nordeste, blanco pálido europeo al sur, algo
verdiblancorojo italiano mezclado por el sureste y sur, chispitas de amarillo
japonés por todos lados y muchos más matices. Sao Paulo sería algo como una paleta donde convergen
todos los colores. Es un país que no permite generalizar, no existe algo como
“un brasilero típico”, porque conseguir alguien – o algo – que represente a los más de 200 millones de brasileros es imposible. Luego de esta colorida reflexión entro
en materia. Apenas he recorrido los bordes del sur del país y me encuentro con
una zona de amplia influencia europea, tanto en apariencia física como en su
mentalidad colectiva. Para la muestra – poco significativa, diría un
estadístico – dos botones:
Oktoberfest en Blumenau
El nombre de la ciudad, Blumenau, no
simplemente parece alemán. Es el apellido de su fundador: Hermann Bruno Otto
Blumenau. Herr Bluemanau era un farmaceuta alemán – amigo nada menos que de
Alexander von Humboldt – que en un arrebato vino para Brasil a
fundar una ciudad y a vivir en ella por más de 30 años.
La ciudad se precia de tener el festival
alemán mas alemán fuera de Alemania: su propio Oktoberfest. Como todos los
Ok-Fest que se respeten ofrece: cerveza artesanal, música, cerveza, danzas
típicas, cerveza regional, desfiles, actos cívicos, cerveza, chucrut, cerveza, salchichas, alegría y más cerveza. Muchos blumenauenses se
jactan de su influencia alemana y la mayoría son, por lo menos, nietos de alemanes
originales emigrados a Brasil en el último siglo y medio. Esto hace que la
ciudad tenga un encanto especial con la mezcla de la jovialidad brasileña con
la jovialidad (a su manera) alemana.
Desfile conmemorativo Oktober Fest
Este Oktoberfest tiene lugar en dos escenarios
principales. Para empezar, en el centro de la ciudad se ofrecen
desfiles con prendas y actitudes típicas alemanas, tiene un museo de la cerveza
(por supuesto), presenta música y danzas alemanas, todo matizado por un tinte
carnavalesco que incluye, aparte del desfile, personas en el público vestidas con el típico
Lederhosen, tirantes, camisa blanca y sombrero con Gamsbart en el caso de los hombres mientras las mujeres usan el
típico y popular dirndl, muy común en Munich por esta misma época, pero en
desuso el resto del año en el resto del mundo.
Para completar el ambiente, “Villa germánica” fue
creada aparte del encanto del centro de la ciudad como un escenario adicional con
construcciones nuevas, falsamente alemanas, espacios y tarimas para
presentaciones. Allí se desarrollan muchas de las actividades del Oktoberfest
que empiezan en la mañana y van hasta la madrugada del día siguiente todos los días por tres semanas.
Personalmente me pareció un poco artificial, pero excelentemente escenificado.
Cobran la entrada, pero para los que lleguen con un traje típico alemán (que
cuesta al menos USD100) la entrada es gratis. Ofrece varios escenarios con
tarimas para conciertos, espacio para baile y todo tipo de chopp (cerveza
de barril) de gran calidad. Todo al son de la música del “Chopp Motorrad” (cerveza en moto) y del "Hallo Blumenau, bom dia Brazil", los himnos no oficiales del festival.
Definitivamente se ha preservado todo el sabor Alemán dentro del festival. La única canción brasileña que se escuchó fue una exótica interpretación de “Carrapicho” con la letra mal masticada y pronunciada con fuerte acento ario interpretada por un grupo alemán de Alemania (1).
Curitiba: Yankees go… party!:
Jardin Botánico - Invernadero
Curitiba, la capital del estado brasileño
de Paraná, es una de las ciudades más organizadas de Brasil, fue ganadora en el
2010 del reconocimiento como la ciudad más sostenible del mundo y cuenta con más
de 25 parques enormes para sus tres millones y medio de habitantes, constituidos por una gran cantidad de descendientes de alemanes y polacos. Curitiba es, en
resumen, una ciudad espectacular, limpia, organizada y ofrece excelente calidad
de vida para sus habitantes. Latinoamérica es siempre sorprendente. Mientras los europeos valoran y quieren conocer los centros de las ciudades, lo olores y colores típicos de nuestras ciudades, los latinoamericanos nos deslumbramos con una estética importada desde el norte.
A pesar de tener tantas razones para ser
orgullosamente brasileña, cuando preguntamos los mejores lugares nos
recomendaron la zona de Batel. Sorpresivamente al llegar a Batel, en la calle
Bispo D José no encontramos con toda la estética y colorido del cowboy: Peggy
Sue restaurante, Back Stage Country Bar, Yankee American Bar (¡Serio, American
+ Yankee!), Burguer King, Taco el Pancho – no se confunda con un mexicano, es
tex-mex, o sea, yankee – y mucho azul, blanco y rojo. Finalmente
optamos por el Sheridans Irish Pub, un típico bar Irlandés estilo New Yorker
Irish pub.
Museo Oscar Niemeier
Curitiba es en definitiva una linda
ciudad, un exitoso experimento endémico brasileño de calidad de vida y sustentabilidad
que sorprende. Allá inventaron, 20 años antes,
el sistema de buses articulados con estaciones y carriles exclusivos que
se “inventó” Peñalosa en Bogotá. Con grandes espacios urbanos como el museo
Oscar Niemeier, sus parques y un centro bohemio que gira alrededor
de la iglesia de San Francisco, donde tranquilamente se reúnen artesanos,
bohemios, feligreses, rockeros, artistas de hip-hop, punks y todo tipo de figuras para
tomarse unas cervezas y pasar un rato.
Iglesia de Sao Franciso, Centro de Curitiba
Es sorprendente el sur de Brasil. Un tono diferente y los tintes regionales definitivamente hacen interesante recorrer la región. Valió la pena esta primera aproximación al sur.
(1) Aclaro: todos los grupos alemanes
eran brasileños menos el mencionado acá, que fue importado para el festival.
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Excelente lectura!
ResponderEliminarGracias Andrés!
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